Mantenimiento

¿Y si pincho estas vacaciones? ¡Que no cunda el pánico!

¿Y si pincho estas vacaciones? ¡Que no cunda el pánico!

Los neumáticos, esos grandes desconocidos fuera del mundillo del motor. ¿Cuántas veces habremos visto a familiares, amigos y conocidos ahorrando en este apartado? Es cierto que un neumático es caro, negarlo sería negar una obviedad. Pero también es cierto que son la única parte del coche que toca el suelo y de ellos depende el funcionamiento de muchos otros elementos y, por si nadie se ha dado cuenta, depende principalmente la adherencia del coche al asfalto.

Para un aficionado al motor esto resulta más que obvio, pero para muchos otros conductores no lo es tanto y rara vez comprenden el motivo de tener que pagar un dinero extra por tener neumáticos de calidad. Y tampoco resulta fácil hacerles cambiar de opinión, pues con unas cubiertas más baratas pueden circular ‘sin problemas’. De hecho, hay quien los compra de segunda mano, recauchutados o compra neumáticos que a simple vista se puede apreciar que son, como se suele decir, ‘pastillas de jabón’.

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Los neumáticos cobran especial importancia con las vacaciones, donde los desplazamientos de largas distancias son norma general y unas ruedas en buen estado pueden suponer un viaje para recordar, o un mal momento para recordar. Sólo el hecho de tener que cambiar una rueda durante el viaje puede suponer un escollo y echar todas las vacaciones por tierra cuando la solución es sencilla y depende de cada conductor. Y no hablamos ya de gastarnos un dineral en ruedas, no siempre se puede disponer del capital necesario o que nos gustaría, pero podemos realizar otras acciones que mantendrán los que ya tenemos en buenas condiciones para viajar.

Se han dicho y se repetirán estas cosas infinidad de veces, pero no por ello vamos a dejar de hacerlo. Los neumáticos son muy importantes y debemos tenerlos en perfecto estado. Para intentar explicar la importancia de unos neumáticos en condiciones y de calidad, se puede usar el símil del calzado para personas. Cuando compramos calzado de poca calidad los pies duelen después de mucho tiempo andando, salen ampollas, pueden comenzar a oler (y no es broma) y hasta pueden provocar dolores de espalda. En el caso de un automóvil el caso es muy parecido. Unos neumáticos en mal estado o de mala calidad pueden provocar que el coche no se comporte como debe, que no agarre en mojado, que la suspensión funcione incorrectamente y que los frenos no detengan el coche como deberían hacerlo. Además, puede volverse más incómodo y gastar más combustible.

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Así, por tanto, si podemos permitirnoslo, lo ideal es comprar cubiertas de calidad, pero si no está a nuestro alcance, podemos cuidarlos al máximo revisando la presión periódicamente, evitando pasar por encima de baches y badenes a gran velocidad, no golpear bordillos ni rozarlos contra el mismo (muy común al estacionar) y evitando cargar el coche más de lo necesario. Nuestra conducción también afecta a las gomas, así que acelerones, frenazos o volantazos bruscos deberían ser nulos. Todo esto afecta al desgaste más de lo que parece.

Hay que decir que incluso cuidando los neumáticos al máximo, nunca estaremos exentos de un posible pinchazo, aunque tampoco debemos asustarnos ni agobiarnos. Tener un pinchazo es algo relativamente normal, y cambiar una rueda no es nada del otro mundo a pesar de lo que pueda parecer. Sólo debemos tener una cosa en cuenta; si pinchamos en marcha, no debemos ponernos nerviosos, simplemente, nos apartaremos a la derecha sin pisar el freno bruscamente ni tampoco en exceso, pondremos las luces de emergencia, nos colocaremos el chaleco y situaremos los triángulos a 50 metros. Ojo con esto, porque lo normal es que la gente los coloque a menos de 5 metros. Sirva como ejemplo, que cualquier autobús urbano ronda los 16 metros, habría que colocar los triángulos a una distancia de, aproximadamente, cuatro autobuses y medio.

Una vez realizado esto y si no queremos cambiar nosotros la rueda, deberemos salir del vehículo, colocarnos detrás de los quitamiedos y desde ahí, llamar a la asistencia en carretera. Hay ocasiones que, aunque sepamos y queramos cambiar la rueda, no debemos hacerlo porque puede ser peligroso e incluso la Guardia Civil de Tráfico podría multarnos.

15 malos hábitos al volante que causarán averías en tu coche

Muchos de los hábitos que adquirimos al conducir son auténticos enemigos de tu coche. Aquí tienes una lista con los más comunes, causantes de averías, y que debes tratar de evitar.

A veces sin darnos cuenta aunque sepamos que pueden pasar factura al bolsillo. Otras por desconocimiento. La gran mayoría por dejadez o por comodidad. El caso es que existen vicios y malos hábitos que adquirimos al conducir que pasan factura, y acaban provocando averías que al final repercuten en el bolsillo y en la duración del vehículo.

Estos son los 15 malos hábitos más comunes que pueden causar averías en tu coche. Intenta evitarlos.

1 No usar el freno de mano

El freno de estacionamiento está para lo que su propio nombre indica: hay que usarlo siempre tras aparcar, para dejar el coche estacionado. No hacerlo así y confiar en que el coche ya queda bloqueado al dejar una marcha insertada es mala idea, pues deja el esfuerzo en manos de los elementos de la transmisión, y puede causar daños, sobre todo al aparcar en pendiente. Y esto es válido tanto para los coches con freno de estacionamiento manual como con los cada vez más sistemas de freno de mano de activación eléctrica.

2 Apurar el depósito de combustible hasta la reserva

combustible reserva

¿Eres de los que repostan combustible de 10 en 10 euros y apura hasta la reserva? No es una buena costumbre. Cuando quedan pocos litros en el depósito, la bomba que se encarga de enviar el combustible hacia el motor, que va sumergida en el propio depósito, tiene que trabajar más forzada y está peor refrigerada. A esto hay que añadir que se multiplican las posibilidades de que entren en el circuito burbujas de aire o impurezas, lo que no es nada bueno para el sistema de inyección del motor ni para el filtro de combustible. Así que ya sabes, si al final te va a tocar parara repostar sí o sí, mejor no apures hasta la reserva.

3 No reducir la velocidad antes de pasar por un badén

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Por normativa, los badenes, reductores de velocidad o “guardias tumbados” deben cumplir una normativa establecida al efecto. Pero es frecuente encontrarnos badenes que parecen haber sido colocados y puestos sin criterio alguno, de los que cuesta pasar sin rozar con los bajos del coche ni aunque lleves un SUV. Pasar por estos reductores de velocidad –del tipo que sean– sin disminuir la velocidad es someter a un esfuerzo extra a las suspensiones, lo que acortará la vida de tus amortiguadores, y puede causar daños en los anclajes de la suspensión.

4 Subirse o aproximarse demasiado a los bordillos al aparcar

neumaticos

Parece una tontería, pero aparcar subiendo el coche a la acera o aproximarnos demasiado a los bordillos es una práctica muy común que puede causar muchos más problemas de los que imaginas. Lo más fácil es arañar las llantas, pero también es muy sencillo causar daños en los neumáticos. El filo de los bordillos es tan cortante para el flanco de las ruedas como un cuchillo. Pequeños cortes, o las deformaciones que sufren si impactan contra el bordillo o al tener que soportar el peso del coche, pueden causar deformaciones internas que acaban en la aparición de grietas, “chichones” o daños no visibles que pueden tener consecuencias mayores, como un reventón.

Pero no solo los neumáticos. Si no se tiene cuidado al aparcar y las ruedas impactan con el bordillo de forma violenta –y no hace falta ir a mucha velocidad para ello– también puede afectar negativamente a la alineación de la dirección, al equilibrado de los neumáticos, o provocar daños en amortiguadores, rótulas y otros elementos de la suspensión del vehículo.

5 No mantener la distancia de seguridad

distancia seguridad

Además de ser peligroso, circular excesivamente pegados al vehículo que nos precede es comprar papeletas para que te toque la lotería y seas agraciado con una luna rota. Y es que las roturas del parabrisas se producen normalmente por el impacto de gravilla suelta que sale proyectada hacia la luna, algo que es tan fácil de evitar como dejar distancia suficiente y, sobre todo, ampliarla al circular por carreteras en mal estado o zonas donde se perciba asfalto sucio o grava suelta.

6 No limpiar el coche tras una excursión offroad

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Cierto que casi nadie usa los populares SUV para circular fuera del asfalto. Pero los que lo hacen, seguramente pasarían rápido por el túnel de lavado o utilizarían la pistola de presión para limpiar el coche en vez de dejarlo días y días sucio. El barro que se queda adherido en el interior de las ruedas acaba por desequilibrarlas, lo cual no es bueno ni para los neumáticos ni para la dirección o las suspensiones.

7 Parar el motor de golpe tras circular por autopista

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Si alguna vez has practicado spinning, al terminar la clase el monitor siempre te recordará que no hay que parar de golpe, y debes seguir pedaleando ligeramente hasta que el corazón baja de pulsaciones. Con el motor del coche pasa algo parecido: no es nada bueno apagar el motor de golpe nada más detener el vehículo, especialmente en los motores turboalimentados tras haberlos sometido a una exigencia elevada. Lo recomendable es esperar en torno a un minuto, para que elementos como el eje del turbocompresor no se queden sin lubricación al carbonizarse el aceite por efecto de la alta temperatura.

No te preocupes si el coche tiene start-stop y en la situación mencionada –por ejemplo al llegar a un peaje tras circular por autopista– el motor se detiene. Si lo hace, es porque puede. Muchos sistemas modernos mantienen activo el sistema de refrigeración del turbocompresor incluso tras haber apagado el motor.

8 Subir el motor de revoluciones cuando todavía no ha alcanzado temperatura

revoluciones

No hay excusas. Ni aunque tengas mucha prisa. Especialmente en invierno, cuando la temperatura es muy baja, arrancar el motor e iniciar la marcha no es nada bueno. Menos aún hacer trabajar al motor a regímenes de giro elevados apurando las marchas cuando todavía no ha alcanzado la temperatura óptima de funcionamiento. El aceite en esas condiciones no circula de forma fluida por el circuito de engrase, y pueden provocarse averías muy serias. Piénsalo bien. ¿De verdad no puedes dedicar 60 segundos mientras el aceite va cogiendo temperatura para ajustarte el cinturón y seleccionar la emisora de radio?

9 Circular en marchas largas con el motor muy bajo de vueltas

También es causa de una de las averías más comunes en la actualidad, sobre todo en los motores diésel, circular con el motor muy bajo de revoluciones, especialmente en marchas largas. Además del sobreesfuerzo para el motor, que puede derivar en roturas o en mayor desgaste, en estas situaciones el motor produce mucha carbonilla, que acaba pasando factura a elementos como la válvula EGR, los catalizadores o los filtros de partículas. Como norma, se puede considerar que lo ideal es llevar el motor siempre que se pueda a un régimen de giro cercano al que se produce el par máximo.

10 Mantener pisado el embrague al detenernos

embrague

Seguro que te has visto en esta situación más de una vez: parado en un semáforo, con la primera velocidad insertada y el embrague pisado, esperando a que se ponga verde. O en un atasco, para avanzar ese medio metro antes de pararte de nuevo. Pero has de saber que mientras mantienes pisado el embrague se producen fricciones internas y se somete a un esfuerzo a sus elementos que pueden provocar averías indeseadas. Aunque no te lo creas, el embrague sufre así mucho más que pisando y soltando el pedal las veces que sea necesario. Cuando te detengas, mejor poner punto muerto y olvidarnos del pedal del embrague, hasta que haya que avanzar de nuevo.

11 Utilizar la palanca de cambios como un reposa manos

palanca cambios

¿Eres de los que conducen con el codo apoyado en la ventanilla? ¿O quizás de los que dejan la mano apoyada en la palanca de cambios? Mal hecho. Las manos deben de estar siempre en el volante, por una cuestión principalmente de seguridad. Pero en los coches con cambio manual, apoyar la mano en la palanca de cambios puede llevar a un desgaste prematuro en algunos elementos de la transmisión, fruto de la presión que sin querer ejercemos sobre la palanca. Es poco probable, pero la posibilidad existe. Mejor evitarla.

12 Pasar de marcha atrás a primera –o a la inversa– rápidamente al aparcar

Otra maniobra muy común que causa estragos en las cajas de cambios: seleccionar la primera velocidad sin esperar a que el vehículo se detenga por completo cuando estamos realizando una maniobra de aparcamiento y nos desplazamos marcha atrás. O al revés, insertar la marcha atrás mientras el coche todavía se está moviendo hacia delante, aunque sea a muy baja velocidad. Escucharás al cambio, especialmente a los engranajes y sincronizadores, quejarse con un sonido característico cuando las marchas “rascan”. Y si se quejan, es por algo.

13 Abusar del punto muerto o de los frenos en pendientes prolongadas

descensos frenos

Muchos conductores tienen la mala costumbre de abusar de los frenos en bajadas prolongadas en vez de recurrir a marchas más cortas para aprovechar el freno motor. Eso por no hablar de los que tienen la costumbre de poner punto muerto, con la creencia errónea de que así ahorran más combustible, más el riesgo que ello conlleva de cara a la seguridad. Utilizar una marcha más corta que ayude a mantener la velocidad no es perjudicial para el motor aunque gire más alto de vueltas, y abusar de los frenos aumenta el desgaste de los discos y de las pastillas, además de que puede provocar deformaciones en los discos, o acortar la vida útil del líquido de frenos, restando eficacia al sistema.

14 Circular con exceso de carga

equipaje 

Es de pura lógica: cuanto más pese tu coche, mayor esfuerzo para todos los elementos mecánicos: motor, suspensiones, frenos… Y por descontado, también mayor consumo. No es cuestión de andar dejando en casa los asientos de tu monovolumen o de prescindir hasta de la rueda de repuesto. Pero no dejes permanentemente en el coche aquello que no vayas a necesitar.

15 No controlar la presión de los neumáticos

presion neumaticos

Uno de los peores hábitos que puede tener un conductor. Primero porque como único punto de contacto con el asfalto, los neumáticos forman parte del llamado “triángulo de la seguridad” del vehículo, junto con la amortiguación y los frenos. En segundo lugar, porque algo tan sencillo como verificar las presiones una vez al mes, o ajustarlas en función de la utilización –velocidad y carga– alarga la vida de los neumáticos y hace que su desgaste sea regular.

Por qué los coches nuevos ya no llevan rueda de repuesto

Las estadísticas avalan el cambio y la tecnología ofrece alternativas, pero no todas resultan eficaces. Una guía con las posibilidades actuales, sus pros y contras.

Por qué los coches nuevos ya no llevan rueda de repuesto

Los modelos que ofrecen una rueda de repuesto igual que las otras cuatro son minoría.

La rueda de repuesto completa, igual que las otras cuatro, es la única solución que permite seguir circulando sin restricciones tras sufrir un pinchazo. Pero, a pesar de la evidencia, está desapareciendo de los coches. Los fabricantes, tanto de automóviles como de neumáticos, argumentan que los pinchazos han caído hasta cifras increíbles, uno cada 10 años, casi la vida útil del vehículo, y que existen soluciones alternativas más compactas, ligeras y económicas. Pero conductores y clubes del automóvil tienden a discrepar, porque todas las opciones presentan inconvenientes importantes que no siempre compensan las ventajas

Menos peso, más espacio

Las ruedas de los coches (neumático y llanta) son cada vez más grandes, y también es cierto que integrar una quinta rueda resulta cada vez más difícil y provoca un aumento de peso y pérdida de capacidad de carga considerables. “Cada vez hay menos automóviles con rueda de recambio completa por cuestiones de espacio y coste, y en modelos deportivos o de gama alta, porque llevan medidas de neumáticos diferentes en cada eje”, señalan desde Michelin.

La rueda de recambio puede pesar de 20 a 40 kilos (según su tamaño) y se dan casos de marcas que, al suprimirla, han logrado bajar uno o dos gramos sus emisiones de CO2. Y así, su modelo quedaba dentro del límite de 120 g/km y no tenía que pagar impuesto de matriculación, un aspecto que ahorra dinero al comprador. En el escalón impositivo anterior, que va de los 120 a los 160 gramos, se paga un 4,75% del precio del automóvil.

El maletero, por su parte, puede ganar hasta 80 litros al eliminar la quinta rueda, el gato y las estructuras de espuma que suelen rodear el neumático y la llanta de recambio. Entrará más equipaje, o componentes mecánicos adicionales, como los tanques de gas (en los modelos de GLP o GNC, gas liquado y natural, respectivamente) y los diésel modernos, que integran depósitos extra con una solución acuosa de urea (AdBlue) para reducir al mínimo los óxidos de nitrógeno (NOx).

El ahorro de costes, en cambio, suele omitirse de las comunicaciones. Y no es despreciable, porque una rueda de recambio de emergencia “tiene un precio en la calle de entre 80 y 120 euros”, concretan desde Continental. Al trasladar la cifra a una rueda completa, igual que las otras cuatro, el coste podría subir otro 50%, engordando todavía más la reducción de costes final.

Los coches de última generación incluyen cada vez más equipamientos y tecnologías, desde pantallas táctiles y acceso a Internet hasta sistemas de seguridad, pero también han perdido elementos habituales en modelos más veteranos, como los indicadores de temperatura del agua en la instrumentación, los asideros del techo para los ocupantes y la regulación en altura de los cinturones de seguridad, por ejemplo, que se están sumando a la rueda de repuesto.

ACERAS, ZONAS DE RIESGO
Las estadísticas españolas contradicen a las de los fabricantes. Al menos las del RACE, que en su Barómetro de Averías de 2017 refleja que de las 900.000 asistencias prestadas en carretera en territorio nacional, casi 80.000, en torno al 9%, tuvieron su origen en incidencias con los neumáticos. Y además la cifra crece, porque es un 5,6% superior a la de 2016.

Si el percance se produce en una ciudad grande, la cobertura de los seguros o la disponibilidad de repuestos en talleres debería permitir solucionar la incidencia con relativa facilidad y, de media, en una o dos horas. Sin embargo, si se pincha en carretera, la situación podría ser más complicada y, por sus limitaciones de velocidad o distancia, las alternativas a la rueda de repuesto tradicional no terminan de resultar del todo satisfactorias, al igual que el tiempo de respuesta de las asistencias. Y si el modelo equipa además neumáticos muy grandes (SUV,deportivos, berlinas potentes) o de medida poco habitual, como sucede en algunos modelos eléctricos, el repuesto podría tardar días en llegar.

Se dan casos, también cada vez más habituales, en los que el diseño del piso del maletero es plano, y no recoge ya un hueco para ningún tipo de rueda, ya sea completa o de emergencia. Y otros en los que el hueco es pequeño (está dirigido a la de emergencia) y, al tratar de meter la rueda pinchada, más grande, no cabe.

Los neumáticos de los coches, aparte de ser cada vez mayores, tienden a tener también menos flanco o altura del lateral. Y esta característica los hace más vulnerables con los bordillos de las aceras: se pueden pinchar incluso en una maniobra de aparcamiento. Por tanto, conviene extremar las precauciones, al igual que cuando se transita cerca de zonas de obras o cuando llueve, porque el agua provoca un efecto lubricante y un clavo, por ejemplo, podría penetrar en el caucho con mayor facilidad que con tiempo seco.

La ley, en entredicho

Desde el pasado 2014, la Unión Europea obliga a que todos los automóviles nuevos que vayan a comercializarse en territorio comunitario incluyan de serie sensor de presión de ruedas (suele denominarse TMPS), que alerta al conductor cuando uno o varios neumáticos registran pérdidas de aire. Y en su mayoría, las normativas de cada país también señalan la obligación de llevar algún tipo de solución para reparar pinchazos, aunque vale con la opción más simple y menos efectiva, los kits de reparación.

La respuesta a la problemática de los pinchazos podría estar en la innovación tecnológica. Y es que los fabricantes de neumáticos ensayan prototipos de ruedas sin aire y compuestos especiales con propiedades casi mágicas, como gomas que pueden cambiar de forma y, entre otras cosas, cerrar el orificio que haya causado el pinchazo. El futuro proveerá.

LAS ALTERNATIVAS A LA QUINTA RUEDA

KIT REPARAPINCHAZOS // Una espuma para taponar agujeros
Es la solución más extendida, pero también la menos eficaz. Los kits de reparación de pinchazos constan de una espuma que sirve para taponar el agujero de la cubierta y un compresor (se conecta a las tomas de 12 voltios) para volver a inflar el neumático. En algunos modelos la espuma viene dentro del compresor.

Esta opción libera mucho espacio en el maletero y sale económica (desde unos 35 euros). Aunque también tiene sus pegas, porque el arreglo es temporal y, tras el trayecto, la rueda deberá ser sustituida o reparada después en un taller especializado. Además, la espuma solo puede sellar orificios pequeños (cinco o seis milímetros como máximo) en la banda de rodadura. Si el daño es mayor o afecta al lateral del neumático, no sirve.

NEUMÁTICOS REFORZADOS // Pueden rodar sin aire durante 80 kilómetros
La tecnología de los vehículos blindados aplicada a los coches de calle. Estas ruedas permiten seguir circulando con uno o varios neumáticos pinchados durante 80 kilómetros a un máximo de 80 km/h, aunque algunos modelos amplían la distancia hasta 150. Y permiten prescindir de cualquier repuesto. La clave está en su estructura reforzada: la goma no se sale de la llanta porque los flancos tienen un anclaje especial y en el interior hay un bloque de goma que es el que soporta el peso del coche cuando se pierde al aire. Pero después hay que reemplazar la cubierta y puede resultar difícil encontrar recambio. Asimismo, son en torno a un 20% más caras y tampoco se puede montar una goma normal, porque la llanta es específica.

RUEDA DE EMERGENCIA // Más pequeña, pero sin limitación de distancia
La hermana pequeña de la rueda de recambio tradicional. Funciona igual y exige montaje, aunque una vez instalada no presenta limitaciones de distancia. Por su diseño más estrecho y cuestiones de seguridad, eso sí, la velocidad máxima de circulación se limita a 80 km/h. Resta poco espacio de carga y tiene un precio medio de unos 80 euros, aunque también presenta sus contras, porque no siempre tiene la misma altura que las ruedas originales y puede suceder que al montarla el coche circule ligeramente inclinado. Aun así, resulta más recomendable que los dos sistemas anteriores, porque no requiere revisión posterior y permitirá llegar al destino.

CUBIERTAS AUTOSELLANTES // El pinchazo se repara solo sin tener que detenerse
Los neumáticos integran una espuma como la de los kits que, en caso de pinchazo, se esparce automáticamente para taponar el orificio. El conductor no tiene que detener el vehículo, ni probablemente note nada. Los aspectos mejorables son los mismos que en los kits: la espuma sella daños pequeños en la banda de rodadura, pero no de mayor tamaño ni en el lateral, y el neumático requiere revisión posterior en un taller, aunque se puede seguir el camino. En el peor de los supuestos, que haya que cambiarlo y que no se encuentre repuesto, se podría poner cualquier cubierta, porque el anclaje a la llanta es normal. Hay modelos que incluyen una rueda de recambio con las mismas características.

GUÍA PRÁCTICA

Modelos que llevan de serie rueda de repuesto completa: 11 marcas y 28 modelos. Cada vez son menos los automóviles que vienen de serie con una rueda de recambio completa, del mismo tamaño que las otras cuatro. Pero todavía quedan algunos en el catálogo actual. Ofrecemos una lista con la oferta disponible en España. También existen algunos casos en los que el fabricante entrega la quinta rueda sin coste o la cobra (desde 100 euros). Conviene comprobarlo antes en el concesionario.
Citroën: C1 (acabados Furio y City Edition), C4, SpaceTourer.
Jeep: Wrangler, Renegade Trailhawk, Compass Trailhawk, Grand Cherokee.
Kia: Sorento.
Mercedes: Clase G.
Nissan: Navara.
Peugeot: 108, 208 (solo motores gasolina), 2008 (solo motores gasolina), 508.
Renault: Clio (acabado Business), Mégane (en acabado Business).
Seat: Toledo.
Skoda: Octavia, Kodiaq (se puede pedir sin coste), Superb, Rapid, Spaceback.
Toyota: Rav4 (acabado Business diésel), Land Cruiser, Hilux, Proace.
Volkswagen: Golf, Passat

Saber elegir el aceite motor

 

Para evitar sorpresas desagradables y averías, el aceite del motor que se elija para poner en el motor del coche debe ser el recomendado por el fabricante

 

Muchas veces, los conductores se dejan llevar más por los precios que por la lógica y no atienden las recomendaciones de los fabricantes de sus vehículos a la hora de elegir el tipo de aceite que deben poner a su motor. Otras, actúan simplemente con rapidez y despreocupación, comprando el primer lubricante que encuentran, sin tener en cuenta que el vehículo tiene unas necesidades que deben ser tenidas en consideración en ese crucial momento de elegir el aceite para el motor. La dejadez nunca ha sido buena en ninguno de los órdenes de la vida y tampoco resulta aconsejable cuando se pretende realizar un óptimo mantenimiento del utilitario que se conduce.

Y es que comprar el aceite de motor adecuado es mucho más importante de lo que en un principio pudiera parecer. Si lo hacemos, el coche irá más desahogado y el motor tendrá una vida más larga. En este sentido, conviene recordar que una de las misiones del lubricante es reducir el rozamiento entre los componentes móviles, algo que resulta muy importante, porque contribuye a ralentizar el desgaste de las piezas mecánicas, al evitar que se calienten, previniendo así la corrosión.

Sorprende el mimo con el que se trata un coche, también al elegir el aceite para el motor de calidad

Muchas personas llegan a sentir auténtica pasión por sus coches, a los que tratan con un mimo a veces desproporcionado, pero en paralelo a esta circunstancia, sorprende el desconocimiento que tienen de algunos asuntos que son básicos.

Lo lógico sería que a la hora de programar el cambio de aceite del motor se tuviera muy en cuenta qué tipo puede convenir más al vehículo, porque no es lo mismo uno mineral que otro sintético. En caso de duda, la solución es bien sencilla, basta con pedir consejo a un profesional, bien sea al mecánico del taller o a la persona que atiende en la tienda de recambios.

Es determinante la viscosidad del lubricante y si el coche es diésel o de gasolina

Otro detalle que no todo el mundo considera al elegir el aceite para el motor es si el vehículo es diésel o funciona con gasolina. Hay que tener mucho cuidado con este detalle, porque una mala elección podría generar averías.

Además de los consejos del fabricante, también conviene que reparemos sobre la viscosidad del aceite del motor, porque esta constituye el baremo para conocer el grado de resistencia a los cambios de temperatura que presentan las moléculas del fluido. Cuando se habla de viscosidad se está haciendo referencia a la fluidez del aceite del motor y lo aconsejable es utilizar un lubricante que resulte fluido desde el primer momento, cuando el motor está frío, pero que no se consuma con rapidez cuando el motor vaya adquiriendo temperatura.

Los fabricantes de aceites ofrecen diferentes compuestos para los distintos tipos de motores. Por este motivo es importante saber cuál es el más adecuado para nuestro coche, ya que el motor lo agradecerá alargando su ciclo de vida.

El aceite del motor reduce el rozamiento entre los componentes móviles, evitando el desgaste anticipado de las piezas mecánicas. Además, ayuda a evitar que éstas se calienten y previene la corrosión.

Después de tener el coche unos días parado, es importante comprobar el nivel de aceite. Además, toca cambiarlo cada cierto tiempo ya que se ensucia y se desgasta. De hecho, es una de las calves del correcto mantenimiento de los vehículos. ¿Cuándo debemos cambiar el aceite? Lo mejor es seguir las recomendaciones del fabricante y utilizarlas como referencia.

Los aceites sintéticos tienen una clara ventaja frente a los minerales: mejoran la protección del motor y mantienen sus propiedades durante más tiempo

Existen dos grandes tipos de aceites, los minerales y los sintéticos. Los primeros se obtienen de la destilación del petróleo, y deben sustituirse una vez al año por lo general. Los aceites sintéticos tienen una clara ventaja frente a los minerales: mejoran la protección del motor y mantienen sus propiedades durante más tiempo. Este tipo de aceites deben ser sustituidos cada dos años de uso, aproximadamente.

Cuando te dirijas a la estantería donde se encuentran los aceites, verás que en todas las latas o botellas se indican unas letras y unos números, que indican el modelo del aceite en función del sistema SAE (Sociedad de Ingenieros Automotores) y API (Instituto Americano del Petróleo). El SAE define el grado de viscosidad en dos cifras. La primera se refiere al frío (-18º) y la segunda a las altas temperaturas (100º).

Los aceites sintéticos mantienen sus propiedades durante más tiempo

Si en el libro de mantenimiento de tu coche se recomienda un aceite 20w40, por ejemplo, la primera cifra puede ser rebajada, ya que puede incluso mejorar el arranque en frío y hasta reducir consumos. Pero nunca debes elegir un aceite con esa primera cifra más elevada, ya que le costará fluir a bajas temperaturas. La segunda cifra debe ser la misma que marca el fabricante ya que utilizar otra inferior o mayor podría ser contraindicado para el rendimiento del motor.

Por último, la API indica el grado de calidad del aceite. Dependiendo de si el motor es diésel o gasolina, existen varios niveles de calidad. Debemos tener especial atención a este dato, ya que un aceite inapropiado para nuestro motor lo puede llegar a dañar.